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29 enero, 2008

Semuc Champey (Parte IV), el video

Cuando decidí escribir sobre Semuc Champey, pensé que con los tres fotoreportajes que había publicado con anterioridad, ya había logrado dar a conocer parte de este majestuoso complejo natural; no obstante, un lector me alertó sobre la necesidad de ver más allá de las fotografías y escuchar el sonido relajante emanado de las cascadas. Pues bien, atendiendo dicha sugerencia, acá van dos videos.
Ambos, sobre todo el segundo, fueron tomados en horas de la mañana, sin la plena presencia del sol y el azulado del cielo (aspectos que, como ya lo he mencionado, inciden sobre el tono de las pozas y el paisaje en general).
En el primer video se puede apreciar toda la magnificencia de las pozas de Semuc Champey, desde lo alto, como lo manifesté en uno de los tres artículos que escribí al respecto, con anterioridad. El mismo no tiene audio, pero pongale mucha atención, pues las imagenes que se generan a patir de los 15 segundos (la cascada y el afluente del rio Cahabón), es desde donde tomé el video 2, que aparece más abajo en el post (ese si tiene audio).

A continuación el video 2. El agua de las cascadas, proviene de las pozas. Estas a su vez, caen y se unen a las del afluente del río subterráneo que viene desde el sumidero, pasando por debajo de las pozas. En conjunto, ambas le dan vida al río Cahabón, que circula por poblados vecinos.
Para una mejor comprensión (si usted no lo ha hecho), le recomiendo leer los tres artículos sobre sobre Semuc Champey. Leer artículos.

24 enero, 2008

Semuc Champey (Parte III)

Grutas Las Marías
Cuando se visita el monumento natural Semuc Champey, desde el “sendero Cahabón”, es posible observar cómo al final de las pozas, las aguas que caen de las mismas en forma de cascadas, se encuentran con las del río subterráneo que viene desde el sumidero, formando plenamente el afluente del río Cahabón.
Aunque es un mirador con una magnifica vista, se limita simplemente a eso, es decir, no permite acariciar directamente las aguas y el paisaje en general (ver, no tocar, como reza el conocido refrán).
En alguna medida, por casualidad, suerte, el destino.....qué sé yo...me hicieron la gentil invitación para que visitara las “Grutas las marías”, lo cual habría pasado desapercibido si alguien no me alerta al respecto (curiosamente fue el propietario).
Este es un sendero que ofrece una apacible caminata entre manglares a la orilla del Cahabón, pero sobre todo, la posibilidad de ver el final de la cueva, por donde circulan las aguas que vienen desde el sumidero y ven la luz del sol en ese lugar.
Sentir la brisa de las cascadas generadas por la pozas y escuchar los sonidos que emanan, es una sensación indescriptible, a lo que también se suma la posibilidad de refrescarse en sus aguas. ¿pueden imaginar eso?.
Para tomar este sendero, debe cruzarse a un costado del puente que se encuentra antes de llegar a las pozas de Semuc-Champey. Es de propiedad privada, por lo que se cobra por el ingreso, pero créanme, vale la pena. Si van en carro, recomendaría dejarlo en Hostal Las marías y caminar. Esto, no solo porque no hay donde parquearse, sino porque los del hostal, son los dueños.

23 enero, 2008

Semuc Champey (Parte II)

Experiencia de viaje
Considerando todo el abanico de destinos turísticos de este bien llamado país de la eterna primavera, dentro de lo poco que he conocido, no me cabe duda que uno de los viajes que más he disfrutado es hacia Semuc Champey.
Ya en una oportunidad, el destino me había negado el privilegio de poner los pies sobre este espacio en el que la naturaleza se muestra sutil y colorida, cual rostro de mujer con su mejor maquillaje.
Todavía recuerdo la frustración de aquel momento en que repentinamente se acabó la carretera y me vi obligado a girar el timón del carro 180 grados, regresando a la capital con la cámara vacía y sin otra imagen más, que una fotografía mental de aquel instante.
Paradójicamente, aquella experiencia lejos de hacerme desistir en mis deseos, más bien fue un aliciente para conservar durante los siguientes años el interés por regresar y llegar más allá de donde me quedé varado ese día.
A Dios gracias, no muchos años tuvieron que pasar para que igualmente el destino, me llevara a congeniar nuevamente en mis aspiraciones con tres personas, cuya compañía fue la parte más grata del viaje.
Así las cosas, un sábado por la tarde, luego de haber salido de madrugada de la capital pasando por Cobán, luego por San Pedro Carchá y con un recorrido que superaba ya los 220 kilómetros, me vi inmerso en aquellos caminos serpenteantes, llenos de paisajes que me guiaban hacia el municipio de Lankin.
Una parada en el kilómetro 250 para tomar un sándwich y contemplar el paisaje junto a mis amigos desde un mirador natural, tal y como lo había hecho años atrás, era una necesidad que ansiaba.
Haciendo caso omiso del paso de los años en mi persona, el entorno en general, era una imagen congelada en el tiempo. El aire puro, el calor, la vista, aquel árbol, su sombra.....todo, todo se veía y sentía igual. Pero bien, suficiente; ... había que continuar, venía la parte más emocionante. Seguir por el camino que un día me había negado el paso.
¡Acá me quedé!, le dije a quien me acompañaba por primera vez en este viaje, cuando llegamos al lugar conocido como el “pajal”, que poco a poco fue quedando atrás para internarnos entre montañas y caminos de terracería con pendientes pronunciadas y por momentos tan estrechos que me hicieron preguntar reiteradamente ¿y si viene otro carro?. Para nuestra fortuna no hubo necesidad de dar respuesta a tal interrogante.
Avanzábamos en nuestro camino y los rótulos que marcaban la distancia de nuestro destino parecían incongruentes con la realidad. Los kilómetros se hacían de hule; o no sé, quizá es la sensación cuando se visita un lugar la primera vez. En fin, cuando menos lo esperábamos pasamos frente las Grutas de Lankin (destino programado para visitar a nuestro regreso), luego asomó el municipio del mismo nombre, para que 11 kilómetros más adelante, se divisara en una discreta y descolorida manta en la entrada de un hostal, cuatro palabras que nos hicieron el día: Bienvenidos a Semuc Champey. ¡Lo demás es historia!. Si, una historia también plasmada en este blog.

21 enero, 2008

Semuc Champey (Parte I)

Un lugar paradisiáco
Ubicado a 280 kilómetros de la capital de Guatemala, en el municipio de Lankin, departamento de Alta Verapaz, se esconde uno de los secretos mejor guardados de la naturaleza. Me refiero al monumento natural Semuc Champey, un área protegida con características naturales únicas en Guatemala, donde el atractivo principal lo constituyen un conjunto de pozas y manantiales cristanlinos de color turquesa, alimentadas por el río Cahabon.
El recorrido empieza por un sendero que luego se divide en cuatro más y en los que cada uno presenta una perspectiva diferente, para que en conjunto se pueda tener un entendimiento y una apreciación completa de este majestuoso complejo natural.
Obviamente, lo primero que se quiere hacer después de un recorrido tan largo, es entrar en contacto con la vista de la pozas y manantiales, para lo cual existe el “sendero Champey”.
Ya frente a las mismas, los colores y el susurro que emana del rebalse acuático generado por los desniveles que separan una y otra poza, hacen inevitable sucumbir a la tentación de sumergirse en las mismas, bajo la interrogante cuando se está sin movimiento, de si las mordidas de los peces son una caricia a los pies, o un reclamo celoso ante la irrupción en su hábitat natural. Lamentablemente, muchos visitantes cometen el error de no pasar más allá de este punto.
El siguiente paso, es caminar por el “sendero los manantiales”, el cual lleva a descubrir el paisaje conocido como el sumidero, un lugar con una vista impresionante (y al mismo tiempo peligroso) donde nace el río Cahabón
Aunque existen diferentes acepciones sobre lo que significa Semuc-Champey en castellano, “donde el río se esconde bajo la tierra”, me parece una traducción que conceptualiza muy bien lo que evidencia este sitio cuando se le aprecia en vivo.
La parte conocida como el sumidero, es un canal de unos 25 metros en el que se visualizan las aguas del Cahabón que circulan con mucha fuerza durante su paso por esa zona. Al finalizar el tramo, dichas aguas se internan en una cueva con un largo aproximado de 300 metros que pasa bajo las pozas, las cuales son abastecidas, justamente por el caudal del “río que se esconde bajo la tierra” .

Siguiendo el recorrido
Al final del conjunto de pozas, hay una quebrada donde las aguas caen a una altura aproximada de 10 metros en forma de cascadas. Paralelamente, en la parte de abajo,
desembocan nuevamente las aguas del río subterráneo, es decir, salen a luz las aguas de la cueva iniciada desde el sumidero, que bañadas por las de la cascada. se abrazan y forman un paisaje impresionante que se puede observar desde el “sendero Cahabón” (van tres).
A partir de ese punto, las aguas se tornan más tranquilas y se aprecia plenamente el río que bañando manglares y chocando con piedras de gran tamaño, serpentea los pueblos circunvecinos y les da pinceladas de color turquesa.
Hasta aquí, pareciera haberse visto todo el esplendor y magnificencia de Semuc-Champey,
pero no, todavía falta ver el paisaje a lo grande, a todo color, desde lo alto, desde el cielo, desde ese punto donde es posible en una sola vista, apreciar el sumidero, las pozas, las cascadas, el afluente del río y la jungla en general (Sendero mirador).
Es desde donde se entiende, que más que las pozas, semuc-champey es hogar de vasta flora y fauna, dando albergue a 100 especies de aves; 34 mamíferos, 25 reptiles y anfibios; 10 especies de peces y más de 120 especies de árboles y bejucos.
Lograrlo no es fácil, se requiere más de una hora montaña arriba que resulta en nada, para los que nos gusta fisgar los lugares más íntimos de la naturaleza guatemalteca. Una vez en
la cima y ante el paisaje, la sensación que abriga el cuerpo es indescriptible.
Observar el entorno general y en particular las pozas que adquieren diferentes tonalidades en función de la hora, el sol y el clima, es impresionante. Es un lugar fotogénico que lo lleva a uno a pensar que, ojalá las imágenes, además de despertar emociones en quien las ve, reflejaran fielmente las emociones de quien las captura.
Fotos: Las fotografías que aparecen en orden de arriba hacia abajo, corresponden a 1. Sumidero, 2. Pozas, 3. Cascadas al final de las pozas y salida del rio subterráneo 4. Vista aérea de las pozas y, 5. Cauce del rio Cahabón.